La Rehabilitación Integral del Teatro Tilingo, patrimonio de los niños de Caracas.

El “Teatro Tilingo”, fue, por antonomasia, el espacio de los niños caraqueños, el teatro que no sólo lo disfrutamos varias generaciones; también, mis hijos, a quienes, mi esposo y yo llevábamos con regularidad, para que se encontraran con los cuentos y fábulas que iban acompañando su infancia. Sus obras eran mágicas, diversas, distintas, inteligentes, muy creativas, de tradiciones; y, muy bien montadas. ¡Mas de una vez tuvimos la oportunidad de disfrutar del espectáculo sinfónico de Sergéi Prokófiev con su “Pedro y El Lobo”!

Y es que, muchos de quienes tuvimos la fortuna de crecer en la Caracas de la segunda mitad del siglo pasado; y en la que, la inseguridad y el consumismo, no habían sustituidos los paseos de fin de semana con nuestros padres, fuimos; muchas veces, a disfrutar de las obras del teatro “El Chichón” en la Sala de Conciertos de la Ciudad Universitaria; y, del “Tilingo”, en su gran e imponente sede del “Parque Arístides Rojas”, ubicado en la Avenida Andrés Bello, entre la Plaza Venezuela y la subida a la Cota Mil, en el límite entre el este y el centro de la capital, muy cerca del emblemático barrio caraqueño “Pinto Salinas”. Ambos, puntales culturales infantiles de Caracas.

Ahora bien, se tiene conocimiento de la presencia de títeres en Venezuela, a partir del siglo XVIII, a través de los Nacimientos y Jerusalenes (“Pesebres” y “Pasiones de Cristo”, respectivamente), entre Navidad y Carnavales. Tales representaciones eran realizadas en el espacio público, lo cual inspiraría el teatro“de calle”; que, por dicho carácter, según cuentan los investigadores, suscitaba entonces desconfianza en las autoridades.

Para el siglo XIX, según escribe en 1968, el historiador David Belloso, en su obra “Los Títeres de Francisco López” (carpintero, titiritero y ventrílocuo), el mismo: “Con madera, además de muebles finos, fabricaba maravillosas figuras que pintaba … y manipulaba con cordeles, y los presentaba ante un público dispuesto a pagar todos los jueves, sábados y domingos un medio real para asistir a estos espectáculos cada vez más de moda”.

Por disposición del entonces Presidente de la República de Venezuela Antonio Guzmán Blanco, cuya gestión se caracterizó por el desarrollo (afrancesado) de obras públicas y culturales, de gran formato, se construyó el antiguo “Teatro de Caracas”, en el que se realizaban presentaciones de comedias, óperas, zarzuelas, prestidigitación y fantoches; a la vez que, se promovió la fabricación de títeres y pequeños teatros en las escuelas.

Mas tarde, a partir de 1940, con la visita a Venezuela del “Teatro dei Piccoli” de Italia y el “Teatro El Nahual” desde México, se produjo un gran interés por tal manifestación cultural, así como, por su aprendizaje. Se inicia al efecto, la constitución de compañías teatrales en los Liceos, como, en el Liceo Andrés Bello de Caracas, donde Federico (Fredy) Reyna, cuyo nombre identifica hoy una de las dos Salas del Complejo Teatral más importante de Caracas, el “Teresa Carreño”), y su esposa Lolita, fundaron en 1946, el “Teatro El Tamborón”, así como, la Dirección de la Escuela de Marionetas del Ministerio de Educación, desde donde transmitían sus experiencias, adquiridas; especialmente, en Francia, durante muchos años.

La Escuela de Reyna y otros actores de teatro, promovió la apertura del Taller de Teatros de la Universidad de Los Andes en 1967; y, del objeto de nuestro artículo, el “Teatro Tilingo”, en 1968.

La “Fundación de Teatros de Marionetas” y el “Teatro Tilingo”, cuyo nombre relacionado con una persona que divierte a otros, lo identifica; y, de allí ,su logo con la figura de un bufón, fueron creados y dirigidos durante 5 años, por la educadora Clara Rosa Otero, al regresar de su gestión como Agregada Cultural de Venezuela en Chile, donde lideró y llevó a cabo el “Primer Festival de Teatro de Aficionados en el Teatro Experimental de la Universidad” de ese país. El “Teatro Tilingo” fue, en consecuencia, uno de los primeros que contó con una sede fija en Caracas.

El “Teatro Tilingo”, se convirtió inmediatamente en una referencia del buen teatro infantil. Actores de gran talla, a nivel nacional e internacional; entre otros, Julio Riera, de quien se decía “hacía poesía con títeres” y Eddy Díaz Sousa, desarrollaron allí, sus primeros pasos; o, la mayor parte de su carrera, a través de la ejecución de obras de autores de la importancia de Gabriel García Márquez, Andersen, Maurice Maeterlinck, S. Prokofiev, entre otros.

También, la Escuela de Teatro Clásica, y de comedia y títeres (de hilo y de tela) italiana, con sus personajes, “Pulcinella”, “Arlecchino”, y “Pinocho” (representante justamente del títere (“burattino”) de madera que toma vida, entre otros, engalanaron los escenarios de dicha sede, con sus voces, expresiones y risas.

Igualmente, el “Teatro Tilingo” ha insistido desde su inicio, en transmitir a los niños venezolanos, la historia patria y promover en ellos, el sentido de la identidad. Así, Francisco de Miranda, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, por ejemplo, han protagonizado con su gesta, los relatos animados del pasado libertario de nuestro país.

Como toda la actividad autenticamente cultural, no comercial, el “Teatro Tilingo” era una institución a la que le costaba mantenerse a flote y necesitaba sostener una intensa actividad y una infraestructura que era patrimonial de Caracas, diseñado por el arquitecto hispano-venezolano Carlos Gómez de Llarena, Premio Nacional de Arquitectura de 1976; autor, entre otros, de obras icónicas de la ciudad, tales como, la Torre Europa, la Galería de Arte Nacional y el Centro San Ignacio.

El edificio se encontraba incorporado al “Parque Arístides Rojas” del llamado “Paseo Vargas”, una zona de Caracas muy compleja, por su cercanía a áreas de poca seguridad, caracterizado por su gran extensión, la frondosidad de su vegetación y la presencia de áreas lúdicas de mucha originalidad, como los tubos de hierro en cuyo interior, nosotros, de pequeños; y, luego, nuestros niños, jugábamos a arrastrarnos sin dejarnos atrapar. Se trataba el sitio de un oasis, en el que el ruido del tránsito fuerte y los flagelos de los alrededores, se quedaban rezagados para dar paso al juego y la imaginación infantil. Ir al teatro un domingo implicaba también para nosotros y nuestros hijos, disfrutar mas tarde de las instalaciones, atracciones y juegos del Parque.

Ahora bien, en el año 2006 , ante una solicitud de apoyo para la realización de obras de mantenimiento que recibiéramos en PDVSA La Estancia, la institución que tuve el enorme privilegio de fundar y presidir por 10 años, recibida por parte de la entonces muy diligente y apasionada de su labor, Directora del “Teatro Tilingo”, Lic. María Luisa Bruniccardi, procedimos a realizar una visita diagnóstica del sitio; y, luego de evidenciar la necesidad de espacios culturales de las comunidades adyacentes, con las que trabajamos a tal efecto, desarrollamos un hermoso Proyecto de Rehabilitación Integral.

Esta acción restauradora, iniciada en el año 2006, y entregada el 23 de noviembre de 2007, incluyó:

La remodelación de la entrada principal;

La recuperación de la sala de teatro (alfombras nuevas, retapizado de las 180 butacas, cortinas y piso);

La restauración de las maderas de paredes, puertas, marcos y techos;

La reconstrucción del sistema eléctrico;

La rehabilitación del sistema de aguas blancas y negras;

El suministro e instalación de equipos de aire acondicionado y sistema contraincendios;

La reconstrucción de los baños y del café/cantina de la sala de ingreso;

La recuperación del área de ensayo y camerinos;

La impermeabilización de toda la estructura;

La pintura de la sede;

El dibujo de murales de temas infantiles;

La poda, siembra y tratamiento de los jardines;

La construcción de drenajes de aguas de lluvia;

La construcción de un parque infantil en la zona externa del edificio.

Con la entrega a las comunidades del “Teatro Tilingo”, pudimos generar; por una parte, un acercamiento importante a la mas icónica de las artes dramáticas, como lo es el teatro, que, desde su nacimiento en Grecia en los siglos V y VI antes de Cristo, ha permitido al hombre desarrollar su creatividad; y, sobre todo, compartir vivencias, a través de la expresión pública de las mismas. Por otra parte, acercar a los pequeños hacia la cultura, promoviendo con ello, el florecimiento de su imaginación. Porque, no nos cansaremos de reiterarlo, como lo hemos hecho al contar nuestros otros proyectos, la cultura, es el verdadero instrumento que, permitirá, a nuestros niños de ciudad, y mas aún, de las barriadas y zonas pobres, salvarse de los flagelos de la droga, el alcoholismo, la delincuencia y el ocio improductivo, que impera hoy en nuestras metrópolis; y, son incentivados, también en los de mayores posibilidades, a través del mal uso y la violencia de los aparatos electrónicos.

En el año 2012, en una decisión incomprensible tomada por las autoridades del Gobierno del Distrito Capital de entonces, el Teatro Tilingo, perdió su sede, a pesar que había sido el primer teatro infantil que la tuviera en Caracas, y cuyas obras representan toda una escuela del teatro venezolano. Nosotros sin embargo, seguimos por muchos años, apoyando y promoviendo la realización de las creaciones del Tilingo, en las barriadas y comunidades.

PDVSA La Estancia estableció siempre un dinámico sistema de alianzas con las instituciones del quehacer social, cultural y patrimonial , que desde el inicio en el caso del Tilingo implicó, el montaje permanente de obras, fábulas, musicales, cuentos, etc., de parte de la compañía teatral, y la promoción y mantenimiento de un número importante de actividades continuas, gratuitas y de altísima calidad que serían desarrolladas por la compañía del “Teatro Tilingo” (títeres, marionetas, mimos, circo, teatro infantil, arte corporal, etc.), en los barrios (zonas pobres) de la ciudad.

El grupo de actores del “Teatro Tilingo”, muchos, de gran trayectoria en el país, se ocupó siempre; y, siguió haciéndolo con nuestro apoyo, de crear obras de profundo sentido social, histórico y artístico, bajo nuestra consigna de que “todo espacio, mas aún, en tarima, en el que se esté en contacto con el público; y, en particular, el infantil, es una oportunidad para educar”.

Así, recuerdo con mucha alegría y también satisfacción, los rostros felices; y, sobre todo, participativos de nuestros niños, mientras disfrutaban de las hermosas obras escritas y montadas por los artistas del Teatro Tilingo para ellos, “Rosita, la niña que quería conocer Venezuela”, que, introducía en el espíritu de los espectadores, el movimiento de nuestras cascadas, los azules de nuestras playas, lo alto de nuestros picos, haciéndoles sentir orgullosos de su tierra; y/o, “Vamos juntos a la placita de Bolívar”, en la que, el niño va llevado de la mano hacia nuestra historia patria, encontrando en Bolívar el ejemplo de su gesta heroica, libertadora; la cual, sin dudas y en todos los tiempos, es definitivamente, una motivación.

El encuentro con el “Teatro Tilingo”, fue para todo caraqueño, una forma de acercarse al espíritu de la imaginación, a lo extraordinario del arte, a lo sabroso del espectáculo de buen nivel; y, sobre todo, una oportunidad de asirse a nuestra identidad. Llevar a nuestros niños al teatro, presentarles a “Tío Tigre y Tío Conejo”, los dos personajes que acompañaron por mucho tiempo la infancia de los venezolanos, era una forma hermosa de transmitirles valores, principios, tradición; y, en el caso concreto de éstos, también, sabiduría, la cual les permitió enseñarnos “que Tío Conejo con su astucia e inteligencia, era capaz de sobreponerse a la fiereza de Tío Tigre, y que las apariencias engañan y las soluciones no dependen del uso de la fuerza”.

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Abog. SummaCumLaude. Doct. en Dcho. Prof. UCAB-UCV. NYU Cities and Urban Development. Pdte PDVSALaEstancia 8 años: arte y espacio público, social, cultural.

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Beatrice Sansó de Ramírez

Beatrice Sansó de Ramírez

Abog. SummaCumLaude. Doct. en Dcho. Prof. UCAB-UCV. NYU Cities and Urban Development. Pdte PDVSALaEstancia 8 años: arte y espacio público, social, cultural.